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Banda
escuela Filemón Quiroz de Berrecil

Todo comenzó en 1997. La idea de algunos concejales de Becerril, Cesar, y el alcalde de la época era tener una banda de música en el pueblo y, para que la estructurara, llevaron a José Salatiel Madrid González, músico nacido en El Copey, que se estableció en el municipio y desde entonces dirige la agrupación.

El nombre escogido no fue el de un músico de banda, sino el de un connotado intérprete local del vallenato clásico, la música que más mueve el corazón en todo Cesar: Filemón Quiroz o el ‘Mocho Mon’, como llamaban a este juglar.

Madrid González dice que, aunque la vocación musical cesarense está centrada principalmente en la música vallenata, no fue tan complicado que la idea de la banda calara, debido a que había un elemento afín entre Becerril y la gente de la sabana: el algodón. El cultivo del oro blanco había llevado hasta allí a muchos trabajadores de Sucre, Córdoba, Bolívar y Atlántico, que cargaban y difundían el amor por el porro.

Recuerda que muchos de los alumnos que han pasado por la escuela son hijos o nietos de esos inmigrantes. «Al cabo de tres o cuatro meses ya teníamos una banda sonando», anota Madrid González.

«Luego, en el año 2000, cuando caímos en un programa del Ministerio de Cultura, nos dimos cuenta de que podíamos hacer un trabajo muy especial con los niños», agrega el director, hijo de un guitarrista de música vallenata. Por eso, siguió adelante con este nuevo proyecto, que ya incluye alumnos en formación musical, tambora, orquesta, danzas, guitarra y vallenato.

Ya no le alcanza pa’ una camisa y su sombrero ya se rompió,
compadre Lyons está que agoniza, esa es la suerte del labrador.

De pueblo en pueblo

Conciertos y festivales han sido escenario para que la Banda Juvenil ejecute con destreza sus aires. Por varias localidades de Cesar ha llevado su mensaje musical; así como lo hacía el ‘Mocho Mon’, a quien le faltaba una pierna e iba de pueblo en pueblo contando historias con sus canciones y tocando el acordeón montado en su burro.
Los muchachos de la escuela también se han dado a conocer en varios departamentos. No se trata del antiguo espacio de las piquerias con otros juglares vallenatos, que frecuentaba Quiroz, sino festivales o conciertos a los que van como invitados en distintos pueblos y ciudades. Allí ponen a sonar bombardinos, clarinetes, trompetas y demás instrumentos de la banda.

De los más de 300 niños que participan en los distintos programas de la escuela de música, llevan a sus presentaciones a los más avanzados y que cumplan con sus estudios, siempre en categoría infantil y juvenil. Ello, porque este programa, que tiene el apoyo de la Alcaldía desde su fundación y, en los últimos 12 años, el de la empresa privada, está dedicado a niños desde los 5 años.

En San Pelayo

«Vamos a cinco o seis eventos bandísticos durante el año, pero el fuerte de nosotros es la divulgación del porro», anota el director de la Banda Escuela Filemón Quiroz. De todos esos eventos, el que da más satisfacción y el que los pone más a prueba es el Festival Nacional del Porro, en San Pelayo, a donde van los mejores.

«En 1998, cuando teníamos un año y seis meses de fundación, fuimos a mostrar nuestro trabajo y ganamos una mención especial por la proyección musical y el rescate de las tradiciones», recuerda el director. De ahí en adelante han llegado dos primeros puestos en categoría juvenil, en 2003 y 2010. Además, en otras ocasiones varios de sus integrantes fueron premiados como mejor instrumentista. También, como banda, ha obtenido varios segundos y terceros lugares.

A lo largo de su participación en San Pelayo se han hecho notar. No en vano, en 2014, a José Salatiel Madrid la organización del Festival lo tuvo como maestro homenajeado, por su valioso aporte a la difusión del porro pelayero.

«El mejor premio que hemos tenido es el reconocimiento que los medios y el público en general nos han dado en San Pelayo», dice.

Los reconocimientos para la escuela abundan. En Becerril, fue declarada Patrimonio Cultural del Municipio. A eso se suma que el Ministerio de Cultura la premió como la mejor Escuela de Música a nivel nacional, en 2007.

Con buena formación

No solo se trata de premios y reconocimientos, sino de la preservación del folclor, de aprender a interpretar la música de la mejor manera. Del porro, el director de la banda anota que «es una buena base para que los niños comiencen a despertar su sentido musical y para que disfruten la parte de la improvisación».

Cuando acaban su ciclo en la escuela, informa José Salatiel, algunos quedan como talleristas; otros han pasado a ser parte de conjuntos vallenatos y varios han incursionado en orquestas o ahora son maestros de música en otros municipios, como Astrea, Chimichagua y La Jagua de Ibirico.

«Esto es un buen semillero de músicos, pero lo principal es la formación personal», insiste el maestro.

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