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'El rarra' saca música
con hojas de laurel

bodyhojasdelaurelLa carencia de recursos obligó a que los campesinos del Medio Sinú, que llevaban impregnado el gen del porro, se las ingeniaran y explorando la naturaleza hallaran la forma de hacer sonar las notas de porros y fandangos utilizando hojas de árboles. 

«No teníamos dinero para comprarles a nuestros hijos un clarinete o una flauta, por eso recurrimos a la hoja», recuerda Manuel Correa Durango, de 67 años, quien aprendió el saber de sus familiares, y sin reparo instruyó a su hijo en esta modalidad musical. 

Desde mediados del siglo pasado, los pelayeros de la zona rural del corregimiento La Madera, en la margen izquierda del río Sinú, descubrieron ese instrumento natural, probaron con la hoja de limón, de mango y de guayaba, hasta que  lograron la afinación que querían con las pequeñas hojas de laurel. 

Desde entonces el porro suena, con sonido natural, como si la misma tierra fuera la que explotara en éxtasis para encantar y hacer bailar a todo el que escuche este ritmo mágico y tradicional de Córdoba.  

Con el laurel lograron reemplazar los instrumentos de viento, por ello, las ‘bandas de hojita’ pueden conformarse fácilmente con cuatro músicos, los tres de la percusión (el que toca el redoblante, el que toca el bombo y el de los platillos), y el intérprete de la hojita que reemplaza los sonidos de la trompeta, el clarinete y el bombardino. 

Y tiene que ser de laurel, porque las hojas de este árbol son las únicas que dan la tonalidad y el sonido perfecto. Así, un intérprete de este instrumento guarda hasta 20 hojitas en el bolsillo de la camisa para utilizarlas durante un toque. 

Con mi canto original, 
como el de la tierra mía, 
yo les brindo mi alegría, 
para que puedan bailar.

Éver Correa Galeano, conocido como ‘el Rarra’, fue iniciado en este arte musical a los 7 años, por su padre, Manuel, quien vio en su hijo un talento innato y no se equivocó, ya que dos años más tarde y con solo 9 años, Éver hizo parte de una ‘banda de hojita’ acompañada por niños bailarines de San Pelayo, que conquistaron el corazón de los colombianos y ganaron en un concurso de bandas realizado en Ibagué, Tolima. 

Desde entonces, el porro sonó con hojas y nunca más se calló. Hoy las familias campesinas luchan por no dejar morir esta tradición y para que se gane un espacio en la cultura de la región. 

«Estamos en la lucha para que este ‘instrumento’ tenga el realce que se merece tanto en Córdoba como en Colombia», sostiene Correa Galeano. 

Ese talento fue conocido hasta en el exterior, cuando de San Pelayo, varios niños de La Madera, entre músicos y bailarines, pusieron a bailar a los estadounidenses, en 1979, durante la conmemoración del Año Internacional del Niño, decretado por la ONU. 

Pero esta tradición netamente sinuana está en vía de extinción. Por ello, Éver propicia en La Madera la enseñanza de ese saber en las nuevas generaciones. «Quiero enseñarles a los niños cómo se ejecuta este ‘instrumento’ natural», y su padre, Manuel, deja aflorar un sueño que guarda en lo más profundo de su corazón: «¡Cuánto quisiéramos nosotros dejar esa semilla!». 

«Nos falta más apoyo para que las ‘bandas de hojita’ tengan un impulso y tomen un auge importante para la región», se queja ‘el Rarra’, quien espera que estas bandas tengan más participación en el Festival Nacional del Porro, para que en esta vitrina cultural se muestre el talento cordobés, y ojalá también se premie a los mejores.

 

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